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Ignacio Laclériga, asesor de comunicación en la campaña del Movimiento Semilla: “La política entendida como estrategia es algo mucho más meditado, mucho más reflexivo”

  • Miguel Gaimari
  • 3 nov 2024
  • 10 min de lectura

Aunque nació a 8,896 kilómetros de distancia, en la ciudad de Zaragoza, al nordeste de España, las oportunidades que ofrece la vida le han mantenido desde hace 25 años en Guatemala. Miguel Gaimari conversa con quien fue el responsable de intermediar la relación entre los medios de comunicación y Bernardo Arévalo y Karin Herrera durante la campaña electoral de 2023, abarcando sus motivaciones y trayectoria, la cual empezó en el periodismo, no en la comunicación estratégica.


Ignacio Laclériga conversa con Miguel Gaimari. Fotografía: Miguel Gaimari


En Guatemala, el recién terminado mes de octubre no provocó las mismas sensaciones que cualquiera de los demás meses del año, pues hace poco más de 365 días (en esas mismas fechas) el contexto político del país estaba en la boca de los medios nacionales e internacionales, y el panorama era incierto, pues el Ministerio Público (MP) protagonizaba un enfrentamiento en contra del partido político Movimiento Semilla, encabezado en ese entonces por quien actualmente es el presidente de la República, Bernardo Arévalo.


Mientras aumentaba el ruido mediático alrededor del partido político y las múltiples manifestaciones de los guatemaltecos se hacían escuchar alrededor de todo el país, esta coyuntura representaba horas de trabajo para los numerosos miembros de los protagonistas de la historia.


Uno de los personajes inmersos dentro de aquella lucha nació en 1967, a 8,896 kilómetros de distancia, en la ciudad de Zaragoza, al nordeste de España. Su nombre es Ignacio Laclériga, y su papel en esta historia, originalmente, era asesorar a la bancada del Movimiento Semilla dentro del Congreso de la República, pero luego terminó prestando sus consejos en el marco de la campaña política, siendo un puente entre los medios de comunicación y los candidatos del partido: Bernardo Arévalo y Karin Herrera.


Antes de ser un especialista en comunicación estratégica y comunicación política, Laclériga es periodista.


Tiene una personalidad reservada, inclinada hacia la lectura y un gusto por las artes clásicas. No tiene tan desarrollado ese instinto de reportero que corre tras cualquier novedad para estar al tanto de todo. Para él, es fundamental mantenerse actualizado en todas las áreas del conocimiento, pero prefiere tomarse el tiempo para analizar y reflexionar, más allá de las primeras impresiones. Aunque también abarca esa faceta (por ser parte de su trabajo) reconoce en sí mismo un perfil más introspectivo y orientado al análisis que al de ir tras la noticia.


— A mí me gustaba el hecho de escribir, luego uno se va dando cuenta cómo la vida le va llevando, porque desde el colegio era aficionado a crear como medios de comunicación, como revistas o guías de libros, al final en bachillerato. Esas cosas pues estaban un poco en mí, lo que me hizo decidir por el periodismo.


Los primeros pasos de su trayectoria comenzaron en el País Vasco, una región de España que, en la década de 1990, buscaba mantener su ideal independentista mediante la lucha armada.


— En vez de huir de las bombas, nosotros íbamos hacia las bombas. Entonces, fue muy interesante vivir en un sitio donde el radicalismo, pues terrorista, fundamentado en ideas que pueden ser muy aceptables dentro de un contexto de diálogo político; cuando se radicaliza se convierte en una lucha armada.


A finales de los noventas viajó a Guatemala. Hay pocas cosas que no le generan ningún tipo de dudas a Ignacio, pero cuando eso sucede, le brindan la claridad de que ese es el camino correcto. Su llegada y estancia prolongada en “el país de la eterna primavera” es un ejemplo de ello. En realidad, esta fue una “cadeneta”, una que ha durado un cuarto de siglo.


Justo antes de arribar el país trabajaba en la televisión, aunque la mayoría de las veces como freelancer. Tenía ganas de conocer nuevos lugares y vivir experiencias distintas. Surgió entonces la oportunidad de dar clases universitarias en Quetzaltenango, con un contrato semestral que le permitía enseñar los fines de semana y, al mismo tiempo, explorar el país. Decidió aceptar, pensando que quería conocerse a sí mismo en el proceso, y vino. 


Primero fueron seis meses, luego un año, y después un poco más. Siempre que planeaba regresar a España surgía una nueva oportunidad laboral que lo hacía quedarse, y así se han ido alargando las cosas. La mayoría del tiempo, ha prestado sus servicios de asesoría a diferentes instituciones.


Aunque su rol como consultor o asesor no le exige un horario fijo, mantiene una disciplina rigurosa, incluso más estricta que quienes tienen horarios establecidos. Se levanta temprano, procura ser de los primeros en llegar y, con frecuencia, es también de los últimos en irse.


— En principio, no tengo ninguna dinámica exitosa para llevar a buen término la comunicación, más que ese constante trabajo. (...) Normalmente la mejor regla es echarle tiempo, echarle horas, y las cosas van resultando.


No todo lo que hacemos en la vida en un principio nos agrada. Por ejemplo, a Ignacio no le entusiasmaba mucho la idea de dar clases, ni tampoco le parecía ideal dedicarse a la política. Sin embargo, comprendió que su camino profesional no siempre se definiría por lo que más le gustaba o lo que sabía hacer mejor, sino que se trataba de encontrar un equilibrio entre ambas cosas.


— Desde la carrera, tengo esa idea del análisis y de la contemplación que me lleva tanto a las cuestiones culturales pero que también creo que tienen mucho que ver con las estrategias políticas. Es decir, que la política entendida como estrategia es algo mucho más meditado, mucho más reflexivo, que esa política del brinco, que no deja de estar bien, pero que tiene que tener detrás esa reflexión.


Esta capacidad reflexiva le ha facilitado adaptarse a proyectos políticos que considera significativos. Reconoce que mantener el equilibrio en política puede ser complejo, especialmente al intentar distinguir entre aquellas políticas que aportan positivamente y aquellas que considera perjudiciales.


A lo largo de su trayectoria, ha colaborado con la mayoría de los gobiernos desde su llegada, siempre buscando establecer empatía y una comunicación abierta con el líder o funcionario político. Para él, es fundamental coincidir con ellos en cuanto a la perspectiva y enfoque sobre lo que constituye una política constructiva y lo que representa una política negativa.


Respecto al Movimiento Semilla, Laclériga sentía simpatía hacia el partido desde un inicio, incluso antes de que tomara un rumbo abiertamente político en el marco de las protestas en contra del expresidente Otto Pérez Molina (2015).


El primer acercamiento se dio con Lucrecia Hernández Mack, cuando asumió como ministra de Salud. En ese entonces, Ignacio ya había decidido dejar la política, su experiencia trabajando con el partido Patriota —que solo duró un año— lo había dejado desilusionado y sin muchas ganas de volver a involucrarse en ese ámbito. Sin embargo, como suele ocurrir, la vida le presentó una nueva oportunidad; ante esta particular propuesta, sintió que, tal vez, en esta ocasión sí valía la pena regresar.


— Entonces, Lucrecia Hernández Mack fue ministra de Salud, me invitaron a colaborar y ahí me pareció bien. Cuando ellos llegaron al Congreso, al poco de estar ahí me dieron la oportunidad de presentarme para apoyarles desde los asesores de la bancada, e hice mi propuesta, y entre las personas que estaban para decidir pues me escogieron a mí. 


Trabajó con el Movimiento Semilla en el Congreso durante los últimos años. Al iniciar la campaña electoral continuó con sus labores, pero, al mismo tiempo, decidió aportar de forma adicional: colaboró en el área de comunicación de la campaña, ayudando a formar equipos de trabajo, pues compartía la visión del proyecto.


En la primera vuelta, su apoyo se concentró en el sector de comunicación, especialmente en el manejo de medios convencionales, como la prensa. Sin embargo, para la segunda vuelta, asumió un rol más formal y se convirtió en el responsable de la relación con los medios de comunicación.


— Dijéramos que mi trabajo real estaba en el Congreso, el resto lo hacía para luchar por el país y por la democracia. 


Bernardo Arévalo no figuraba como un candidato con oportunidad de superar la primera vuelta electoral, sin embargo, Laclériga relaciona al fenómeno electoral de 2023 con la teoría de la modernidad líquida del sociólogo y filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman. 


Explica que en la política actual ya no existen realidades absolutas. En épocas anteriores, si un partido en el poder tenía el control de todas las instituciones —justicia, Ministerio Público, Congreso y la estructura estatal—, lo esperado habría sido que el candidato oficialista se proclamara triunfador. Eso habría sido lo "normal" dentro de una lógica prediseñada y controlada. No obstante, señala que en la modernidad líquida las dinámicas cambian rápidamente, y los escenarios políticos pueden transformarse en cuestión de momentos.


— Si ves en la elección de Estados Unidos ahora, la verdad es que, a cuatro días de las elecciones, no sabemos si va a ganar uno o el otro candidato, porque día a día cambia, entonces simplemente hay que hacer un buen trabajo y estar ahí y mantenerte.


En su rol, se enfocó en cómo posicionar al candidato en los medios de comunicación, buscando un equilibrio entre todas las plataformas posibles. Fue estratégico al diversificar su acercamiento, abarcando desde medios pequeños, con influencia en redes sociales, hasta medios de mayor envergadura, con el objetivo de abrirles las puertas a todas las audiencias posibles. 


El rango de trabajo fue amplio y variado, incluyendo desde radios evangélicas hasta revistas universitarias o programas de radio que se consideraban en el extremo opuesto del espectro mediático.


— Luego, por otro lado, estaba la lucha para defender al partido y que por lo menos se mantuviera. Entonces, bueno, pues se mantuvo. Creo que tuvo gran importancia que lo que no te destruye te hace más fuerte, y al no destruirnos, simplemente lo que hacían es subirnos —refiriéndose a la persecución en contra del partido por parte del MP.


Las redes sociales también jugaron un papel crucial. Contaban con un grupo numeroso de jóvenes —en su mayoría de entre veinte y cuarenta años— que eran nativos en el uso de redes sociales. Estos jóvenes realizaron un destacado trabajo de movilización, especialmente en los centros urbanos, tanto en la capital como en algunas ciudades del interior, donde también se encontraban candidatos y candidatas con un perfil similar.


— Eran digitales natos, trabajaban en redes de forma natural y se movilizaban de forma natural. Es decir, no había que jalonear gente, no había que dar regalos, no había que pagar a nadie para que los jóvenes hablaran con otros jóvenes, se reunieran en plazas, se reunieran en el periférico…


Laclériga describe a los guatemaltecos que defendieron la democracia en aquel entonces como personas que vivían en las redes sociales y que, al mismo tiempo, “vivían la ilusión”, sin tener un pago a cambio. El contenido que compartían no era cualquiera, no se trataba solo de una “presencia virtual”: lo que compartían en redes reflejaba una movilización real. Salían a las calles, se manifestaban y mostraban su activismo; sus publicaciones no eran meros posts, sino narrativas de sus acciones. Este enfoque auténtico y dinámico fue clave para ganar con gran ventaja en la capital y en otros centros urbanos, aunque con diferentes niveles de éxito.


— También hay una lógica, que por el peso y el formato de las elecciones guatemaltecas y del conteo de votos la capital tiene un peso muy importante, y si te das cuenta nuestros veinte candidatos a diputados son todos por el departamento de Guatemala, unos por listado nacional, pero que también tiene su base natural en la capitall. Esa gran fuerza urbana que hizo ganar la primera vuelta se suele repetir en la segunda.


A pesar de la oposición del Congreso y toda la movida del MP a través de la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI) en meses anteriores, la investidura de Bernardo Arévalo como presidente de la República de Guatemala fue un hecho, aquel 15 de enero de 2024.


El partido que lo llevó a esa posición no corrió con la misma suerte, pues el 28 de agosto de 2023, mismo día que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) dio validez a la segunda vuelta electoral, se suspendió temporalmente al Movimiento Semilla.


En un principio, la intención de Laclériga era continuar con su labor dentro del Congreso, especialmente porque representaba un reto significativo: había veintitrés nuevos diputados con quienes sentía cercanía y afinidad, y no le habría molestado seguir trabajando junto a ellos. Sin embargo, al no haberse constituido el partido, tampoco se formaron asesores de bancada, y su posición desapareció.


A partir de ahí, continua su labor asesorando al Gobierno, específicamente en la Secretaría de Bienestar Social (SBS), brindando apoyo a la primera dama de la República, así como también a la vicepresidenta.


— Me mantengo en eso, estoy cercano, básicamente a lo que, como perfil de asesores, me requieran en determinados momentos tanto en el Gobierno como a la bancada en el Congreso, si fuera el caso.


Aunque ese era mi espacio natural (el congreso), donde me hubiera gustado quedarme, el hecho de que no haya partido en principio no me abre de nuevo la puerta. En el momento que se abriera esa puerta otra vez, veríamos si regreso o que pasaría.


Pues a mí lo que me ha enseñado la vida, tanto de mis comienzos en España como aquí en Guatemala, es que como ser fiel a uno mismo y ser auténtico a uno mismo es el mejor camino. Quizás en España a lo mejor no era tan difícil defender eso, pero aquí en Guatemala es bastante difícil defenderlo. 


Laclériga explica que ha llegado hasta donde está sin ceder a lo que se supone que debería haber hecho. Ha tenido la oportunidad de trabajar con muchas personas y en diversas áreas políticas, colaborando tanto con ciudadanos cercanos al empresariado nacional —en su época, en Libre Encuentro— como con medios de comunicación que representan ideales contestatarios, como Plaza Pública o Nómada. Para él, esto ha implicado un delicado equilibrio: evitar crear enemigos innecesariamente, pero también resistirse a doblegarse ante lo que otros consideran obligatorio. 


Mantener ideales y principios sólidos ha sido esencial y, aunque muchos a su alrededor pudieran aconsejarle que evitara ciertos caminos, él ha seguido adelante cuando su corazón y sus convicciones le indicaban que era lo correcto.


— La vida te lleva a los caminos que dice la gente "que suerte tienes de llegar allí”. Pues mi suerte ha sido que a veces he tenido que llevarle la contraria a todo el mundo y a veces he tenido que hacer lo que supuestamente me iba a llevar a la peor situación vital. Intentar ser auténtico y seguir tus creencias. Lo he cosechado siendo muy duro.


Ignacio reconoce que seguir el camino de las propias creencias no siempre trae éxitos inmediatos, pero asegura que, con el tiempo, no ha sido una decisión que lo haya defraudado. Ha logrado mantener un estilo de vida digno, nunca le ha faltado lo necesario para él ni para los suyos. Su trayectoria es, según él, una prueba de que es posible vivir con integridad, sin renunciar a los valores personales.


— Hace falta tener los ideales y los principios bien fundamentados y bien claros, y aunque todo el mundo de tu alrededor te diga "es mejor que no hagas esto", si tu corazón y tus sentimientos te dicen que lo adecuado es hacer eso, pues yo lo he hecho.









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