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Tenemos la corazonada de que estamos hechos para más

  • Foto del escritor: Sexto Piso
    Sexto Piso
  • 17 ago 2024
  • 2 min de lectura

Actualizado: 21 oct 2024


Portada de la editorial de Sexto Piso. Fotografía/Diseño: Eventos Latinoamericanos/Miguel Gaimari

Por alguna razón, como población nos cuesta soñar, aspirar en grande, sobre todo cuando a desarrollo se refiere, pues nuestros ojos, como sociedad guatemalteca, deben fijarse en lo que logren los dirigentes de las distintas instituciones del Estado, y ya sabemos a que nos lleva eso en la mayoría de los casos. En otros escenarios existe un poco de paz, de tranquilidad, porque la política no debería interferir de ninguna manera. Nos referimos al deportivo, a la instancia olímpica, donde esa regla de no interferir, en el contexto guatemalteco, también se rompió, o aunque sea eso pareciera haber intentado la Corte de Constitucionalidad (CC) en 2022.


Bien dicen que “después de la tormenta viene la calma”, o que “después de la noche sale el sol”. Por fortuna, ese paisaje de amanecer se quedó corto este año en los Juegos Olímpicos de París, gracias a un grupo de deportistas guatemaltecos que superaron las barreras construidas por los desatinos de hace dos años, en lo que a política se refiere, y las edificadas por la vida misma.


Aquel ‘clima soleado’ no lo veíamos desde ese 4 de agosto del año 2012, cuando Erick Barrondo se convirtió en el primer medallista olímpico del país en Londres. Medalla de plata en Marcha atlética (20 km). Cómo olvidar ese sentimiento, la primera vez que nuestra bandera se subía a un podio en esa instancia. La medalla de Barrondo sirvió de inspiración para muchas generaciones, sin duda. En un contexto así, pensaríamos que se volvería costumbre, o ese aire ganador se mantendría, pero tuvimos que esperar más de una década para volver a sonreír…


Adriana Ruano y Jean Pierre Brol hicieron historia, rompieron el esquema, uno detrás del otro, una cuestión de 24 horas. Es como si hubiesen sido inspirados por una fuerza especial, tal vez el sentimiento nacido en una etapa de preparación física y mental en la que no recibieron el apoyo que merecían, con la incertidumbre de por medio, caminando solos.


Lo conseguido por Adriana trasciende el término ‘histórico’, es una hazaña, en toda la extensión de la palabra, digno de una narración en las páginas de un cómic de superhéroes escritas por los mejores guionistas. Es un ejemplo para las jóvenes guatemaltecas, para los niños y niñas, para los que tienen fe de que como país podemos progresar, y para los que no tanto; para los políticos, principalmente.


¿Qué es lo que se pretende en las altas esferas del poder para apostar por el desarrollo? Esa es la pregunta que nos roba la paz. Es una cuestión de intención, de querer hacerlo, de invertir bien, de interesarse. Adriana, Barrondo y Jean Pierre nos dejan una corazonada, esa misma que nos permitió creer que podríamos abrazarnos y llorar al entonar el himno y ver la bandera en lo alto. La corazonada de que ser guatemalteco, después de todo, es lo más grande que tenemos, y que estamos hechos para más, solo debemos unirnos.

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