Innovando desde las aulas hasta Dubái
- Miguel Gaimari
- 21 oct 2024
- 2 min de lectura

Fotografía: Redes Sociales de BioDelta
Era el verano de 2024 cuando un grupo de cinco estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) decidió dar un paso más allá de las aulas y llevar su proyecto de biodiésel a la competencia internacional Hult Prize, celebrada en la Hult International Business School de Dubái, Emiratos Árabes Unidos.
Marlon José González, Rodrigo Arís García, Valeria Sierra Cano, José Pablo Paiz Hernández y Diego Adolfo López Castillo tenían la misión de representar a Guatemala y demostrar que una alternativa ecológica y viable para los combustibles fósiles podía nacer en su propio país.
Conocidos como “BioDelta”, estos jóvenes ingenieros se propusieron crear un biocombustible a partir de un recurso que, normalmente, acaba contaminando los cuerpos de agua en Guatemala: el aceite vegetal usado.
Inspirados en la problemática ambiental que esto representa, y aprovechando los conocimientos adquiridos en el Departamento de Ingeniería Química de la UVG, desarrollaron un proceso de producción que combina aceite reutilizado con sosa cáustica y metanol, con miras a sustituir el último por etanol en el futuro cercano para hacer el producto aún más sostenible.
El 21 y 22 de junio, “BioDelta” expuso su proyecto frente a un panel de expertos, logrando destacar entre más de mil 900 equipos de todo el mundo y ganarse un lugar en la fase Summit de la competencia, donde solo participan 400 equipos.
Allí, se abrieron puertas a alianzas estratégicas con líderes de la industria, como Karl Feilder, presidente y director ejecutivo de Neutral Fuels, la mayor planta de biocombustibles del Medio Oriente.
El proyecto prometía, pero también revelaba el largo camino que tenían por recorrer para pasar de ser un grupo de jóvenes con visión, a un actor clave dentro del mercado energético guatemalteco.
José Paiz y Valeria Cano son conscientes de que la legislación actual en Guatemala —marcada por el Decreto Ley 17-85, Ley del Alcohol Carburante— favorece solo a ciertos tipos de biocombustibles, como el bioetanol, derivado de la caña de azúcar.
"La producción de biodiésel podría suponer un avance significativo para la reducción de gases de efecto invernadero, pero enfrentamos el reto de cambiar el marco regulatorio y desafiar un oligopolio dominado por la industria petrolera”, comentó Paiz.
A ello se suma el desconocimiento generalizado sobre los beneficios de los biocombustibles en el país, y la necesidad de educar al consumidor para desmitificar que estos requerirán adaptaciones costosas en los motores tradicionales.
Sin embargo, el equipo de “BioDelta” sostiene con firmeza que Guatemala está lista para emprender el camino hacia el uso de combustibles más limpios y que este es el momento adecuado para aprovechar el potencial del biodiésel.
Valeria Sierra lo resumió así: “Es un mercado que ya está listo para iniciarse, solo falta que alguien lo aproveche”.
Y con esa determinación, regresaron a Guatemala, conscientes de que el cambio empieza con pequeños pasos, pero que cada uno de ellos suma para darle un respiro a un país necesitado de innovación.


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